Colonia Dignidad: The plot thickens…

Looks like more evidence against former Nazi Paul Schaefer, minion of the Pinochet dictatorship in Chile, is surfacing. From the Beeb:

A Chilean judge is investigating the discovery of an unmarked grave in a German enclave in the south of Chile.

Rights groups say the colony’s leaders helped with the repression of left-wing activists during military rule.

It is thought dozens of bodies were buried at the enclave formerly known as Colonia Dignidad, but later moved.

Last year, the state took control of the enclave. Its former head, Paul Schaefer, is in jail charged with child abuse and human rights violations.

Judge Jorge Zepeda is expected to inspect the unmarked grave on Tuesday.

Experts working at the site say that while they have not found any human remains, they are certain that bodies were buried there and later exhumed, Chilean media reports.

It is believed that in 1978 the bodies were exhumed, cremated and the remains thrown into a river.

Investigators have said there could be more unmarked graves in the enclave, where it is believed about 100 left-wing activists were killed.

Dead men DO tell tales, it seems. These ones are sure to tell a horror story.

Meanwhile, spare a thought for the living: Many are believed to be there against their will.

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1 Response to Colonia Dignidad: The plot thickens…

  1. ccgandrt says:

    comments, ‘Bina about Heads/skulls/bones, in Washington, per Mike Malloy’s Bullentin board:
    To all those interested in the truth:
    After two hours of internet searches based on the info below, which I have no way to back up as true or not true; the bottom line as of January 6, 2006:
    Argentina and Bolivia and Cuba claim a mass grave was found, 7 bodies, and “some” of the remains of Che Guevara now rest in Cuba.
    ~~~~~~~~~~~~~~~
    No Robin Hood
    Thursday, October 16, 1997; Page A18
    The Washington Post
    IN LIFE, Ernesto “Che” Guevara was, after his success in helping Fidel
    Castro make the Cuban revolution, a failure. The other would-be revolutions
    embraced by this Argentine-born ideologue crumbled. But in death he
    blossomed as a symbol of youthful daring and utopian aspiration in a global
    movement — communism — that came to be completely discredited yet
    survives in Cuba and a few other countries and in the minds of a diaspora
    of incurable romantics and unrepentant commissars. Some of his remains,
    found in a secret Bolivian grave and returned to Cuba last July, are at the
    center of Havana’s current commemoration of the “30th Anniversary of the
    Death in Combat of the Heroic Guerrilla and His Comrades.”
    A country chooses its own heroes. Yet it was not “Cuba,” in the sense of an
    entity representing an inarguably valid popular will, that installed Che
    Guevara in his adopted country’s pantheon. It was a self-appointed Marxist
    elite, which first found a use for him as a guerrilla leader making and
    exporting revolution and then found further use for him as a fixture of
    state propaganda. For that latter role, he had just the right attributes,
    being glamorous, audacious, given to spouting idealistic slogans,
    self-sacrificing, young (39 when he died in 1967) and — perhaps best of
    all — dead and hence no threat to the ruling circles.
    He was also something else: a killer who executed “traitors” in his own
    ranks and boasted of winning peasant support by “planned terror,” a
    believer “in the revolution” who gave a gloss of intellectuality and social
    justice to the pursuit of single-party power, and a man who hated his
    political enemies and thereby felt empowered to destroy them. It seems a
    just irony that this man who claimed to be “with the people” finally was
    turned in to the Bolivian army by the very peasants in whose name he was
    attempting a revolution.
    All this might be no more than a historical footnote but for the fact that
    the Cuban regime Che Guevara served is still in power and still using him
    for its own anti-democratic ends. Indeed, his simultaneous success as a
    contemporary pop icon seems to be bestowing on him a good deal more than
    the fabled 15 minutes in the public eye. A pity, then, that he is not seem
    more widely and clearly for what he was: not the Marxist Robin Hood of myth
    but someone who did his country, and not only his country, much harm.
    © Copyright 1997 The Washington Post Company
    ————
    Publicado el domingo, 19 de octubre de 1997 en El Nuevo Herald
    El `Che’ no fue un Robin Hood
    Reproducimos un editorial publicado por el diario `The Washington Post’
    en su edición del jueves 16 de octubre.
    En vida, Ernesto Che Guevara fue, luego de su éxito en ayudar a Fidel
    Castro a llevar a cabo la revolución cubana, un rotundo fracaso. Las
    otras planeadas revoluciones que apoyó este ideólogo argentino se
    desmoronaron. Pero tras su muerte, el Che cristalizó como un símbolo de
    la osadía juvenil y de la aspiración utópica por un movimiento global
    –el comunismo– que aunque ya cayó en un total descrédito, todavía
    sobrevive en Cuba y en otros pocos países así como en las mentes de una
    diáspora de incurables románticos y comisarios impenitentes.
    Algunos de sus restos, hallados en una tumba secreta en Bolivia y
    devueltos a Cuba el pasado mes de julio, son ahora el centro de la
    conmemoración en La Habana del “Treinta Aniversario de la Muerte en
    Combate del Guerrillero Heroico y sus Camaradas”.
    Cada país escoge sus propios héroes. Sin embargo, no fue “Cuba”, en el
    sentido de totalidad que representa una inobjetablemente válida voluntad
    popular, la que colocó al Che Guevara en su panteón nacional adoptivo.
    Fue una elite marxista autoproclamada que primero lo utilizó como líder
    guerrillero para hacer y exportar la revolución, y luego le encontró un
    nuevo uso como objeto de la propaganda del estado.
    Para este último papel, el Che poseía los atributos perfectos. Era
    glamoroso, audaz, lanzaba lemas idealistas a borbotones, se había
    autosacrificado en plena juventud (al morir, en 1967, tenía 39 años) y
    –quizás lo mejor de todo– ya está muerto y no representa por tanto
    amenaza alguna para los círculos del poder.
    Pero el Che fue también algo más: un asesino que ejecutaba a
    “traidores” en sus propias filas y se llenaba la boca para proclamar
    que se granjeaba el apoyo de los campesinos mediante un “terror
    planificado”. Fue un fiel creyente “en la revolución” que aportó un
    barniz de intelectualidad y justicia social al empeño por consolidar el
    poder de un partido único; y fue también un hombre que odió a sus
    enemigos políticos y se sintió fortalecido por ese odio en su afán de
    destruirlos.
    El Che fue también un asesino que ejecutaba a `traidores’ en sus propias
    filas y lograba el apoyo de los campesinos mediante un `terror
    planificado’.
    Parece por ello una justa ironía que este hombre que afirmaba estar
    “con el pueblo”, finalmente haya sido entregado al ejército boliviano
    por los mismos campesinos en cuyo nombre él intentaba fraguar una
    revolución.
    Todo esto no sería más que un detalle histórico si no fuera por el hecho
    de que el régimen cubano al que el Che Guevara sirvió sigue todavía en
    el poder y continúa utilizándolo para sus propios fines
    antidemocráticos. Ciertamente, su éxito simultáneo como un icono pop
    contemporáneo parece estarle otorgando muchísimo más que los famosos 15
    minutos de popularidad. Es una pena entonces que el verdadero Che no sea
    visto de una forma total y clara, tal y como era: no como el Robin Hood
    marxista del mito, sino como alguien que le hizo mucho daño a su país, y
    no sólo a su país.
    © The Washington Post Company
    Copyright © 1997 El Nuevo Herald
    El Che era un asesino
    ————
    Washington -Octubre 17-(AFP)– El heroe de la revolucion cubana Ernesto Che
    Guevara era un “asesino” que “causo mucho daño” dentro y fuera de Cuba, y
    no un “Robin Hood” marxista, como lo presentan sus admiradores y el gobierno
    de La Habana, afirmo el jueves el diario Washington Post.
    En un editorial, el influyente rotativo presento su propia vision del lider
    guerrillero argentino-cubano, muerto hace 30 años y cuya memoria es
    homenajeada desde hace una semana en Cuba y el resto del hemisferio.
    “Durante su vida, Ernesto `Che’ Guevara fue, tras ayudar con exito a Fidel
    Castro a hacer la revolucion cubana, un fracaso. Las demas tentativas de
    revolucion impulsadas por el ideologo de origen argentino se desmoronaron”,
    dice el diario.
    Sin embargo, afirma, la figura del `Che’ sobrevivio como un mito “en las
    mentes de una diaspora incurable de romanticos y comisarios del pueblo
    impenitentes”.
    Che Guevara “era algo mas: un asesino que ejecutaba a los `traidores’ en sus
    propias filas y se ganaba el apoyo de los campesinos mediante `terror
    planificado’ ”, asegura el diario.
    Segun el Washington Post, el lider guerrillero ejecutado en 1967 en Bolivia
    tras un perativo montado por la CIA y el gobierno boliviano, “odiaba a sus
    enemigos politicos y se estimaba autorizado a destruirlos”.
    “Es una pena, por lo tanto, que no se le considere ahora lucidamente como lo
    que era: no un mitico Robin Hood marxista, sino alguien que hizo mucho daño,
    dentro y fuera de su pais”, concluyo el rotativo norteamericano.
    ~~~~~~~~~~~~~~~~
    9 de octubre de 1967:
    El asesinato de Ernesto Che Guevara por la CIA
    Obrero Revolucionario #927, 12 de octubre, 1997
    El 8 de octubre de 1967, en una quebrada de los Andes en el sur de Bolivia, se oyó un nutrido fuego: Ernesto “Che” Guevara y sus guerrilleros se encontraban rodeados por el ejército boliviano.
    Poco menos de un año antes, Guevara y un grupo de cuadros viajaron clandestinamente de Cuba a Bolivia para iniciar una guerra de guerrillas y tumbar al gobierno militar. Guevara y unos 50 guerrilleros se internaron en las montañas. Pocos meses después el ejército boliviano los detectó y empezó una intensa persecución. Para eludirlo, Guevara dividió al grupo en dos, pero jamás pudo reagruparlo. Su diario indica que para fines de agosto los guerrilleros de su grupo estaban fatigados, desmoralizados y que solo quedaban 22; el 31 de agosto el segundo grupo fue aniquilado al cruzar un río.
    El 26 de septiembre, el ejército emboscó al resto de los guerrilleros cerca del poblado de La Higuera. Varios guerrilleros cayeron en combate y el Che quedó herido en una pierna. Luego, el 8 de octubre lo capturaron con dos combatientes y los llevaron a la escuela del pueblo.
    Al día siguiente, llegó en helicóptero un tal “Félix Ramos” en uniforme de oficial del ejército boliviano y se encargó de los prisioneros. Dos horas después, el Che y los dos combatientes fueron ejecutados.
    La mano de Estados Unidos
    Las armas y el equipo de los asesinos fueron Made in U.S.A. El oficial boliviano que lo tomó preso estudió en Fort Bragg, Estados Unidos, donde se preparan golpes de estado, asesinatos y campañas de contrainsurgencia. El tal “capitán Ramos” era Félix Rodríguez, un viejo agente de la CIA.
    Desde hacía años, Estados Unidos venía armando al ejército boliviano y comprando oficiales. En cuanto se detectó la presencia de Guevara y sus guerrilleros, mandó más agentes de la CIA y Boínas Verdes, entre ellos Rodríguez. También envió aviones repletos de armas, sistemas de comunicación y bombas de napalm.
    Antes de ir a Bolivia, Rodríguez comandó un escuadrón de la muerte en Vietnam. Tiempo después, en la década de los 80, el presidente George Bush lo mandó a supervisar el tráfico de cocaína por armas para la contra en la base aérea Ilopango de El Salvador.
    Rodríguez ordenó la ejecución del Che de modo que pareciera que cayó en combate, se robó su reloj como recuerdo y acompañó su cadáver a la base militar de Vallegrande. El 11 de octubre, después de cortarle las manos para comprobar con las huellas digitales que eran del Che, echaron su cadáver en una fosa cerca de la pista de aterrizaje de la base. El gobierno anunció que fue incinerado.
    La operación fue Made in U.S.A. de pe a pa. Con la ejecución del Che y sus compañeros, Estados Unidos quería decirles a los pueblos de Sudamérica y del resto del mundo: “ni se les ocurra alzar la cabeza”.
    ~~~~~~~~~~~~~
    CHE’S BONES
    (On the announcement of the discovery of the remains of Ernesto Che Guevara)
    Oye Che!
    Despiértate!
    Wake up, man!
    Greet the dawn!
    See the world! Finally,
    they have revealed where
    your smooth, potent bones are buried.
    Ya no eres desaparecido no más, hombre!
    The unmentionable, secret cemetery
    is now known, where you have
    shared the earth below the airstrip in Vallegrande
    with a quintet of compañeros all these long years,
    the chemicals of your cadavers enriching this spot of
    America, which could not forever keep mute the place
    where the bones of its children – sweet, beautiful bones,
    silently unsettled – bid their time, awaiting inevitable disclosure.
    Your speechless warrior remains, no longer address unknown,
    prove more resilient than the vows of military silence sworn to
    by the undertakers of the high command
    who watched their hired gravedigger, the elusive Ticona,
    excavate a mass tomb with his tractor, warily dump you in,
    & flatten the mound with his bulldozer. Bien hecho!
    Who will they discover with you, Che,
    among these nameless combatientes sharing this
    dormitory of worms & loam for decades while all
    sorts of helicopters, fighter jets, hovercrafts, cargo planes,
    reconnaissance vehicles, WW II training vessels landed
    above you, bouncing onto the runway, screeching to a
    halt, disgorging fumes, fuel, laughing pilots in their boots,
    their chiefs & the troops of the anti-drug terror squads,
    marching bands, porcine politicians, you name it, a constant din,
    so that even in your covert internment, you could not enjoy
    a moment’s peace only a stone’s throw from the Yuro Ravine,
    where you were surrounded, pinned down & picked off October 8
    28 years ago at Vado del Yeso by crack scouts on the hunt,
    equipped with state of the art tracking technology &
    directed on the spot by can-do special agents from
    the omnipotent northern necropolis, seeking your heat &
    determined to extinguish it, by any means necessary.
    The rangers first shot your mule, next you, in battle.
    Wounded, you returned the fire until a bullet wrecked the
    barrel of your M-2 & your pistol had no magazine. The circle
    tightened, discovered its quarry, then lined up your bleeding
    tropas, demanding the leader be identified & all you said was,
    Yo soy Che Guevara. The puffed up victors, alarmed & excited by their
    catch of the day, called La Paz for further instructions,
    a request conveyed to the very top, to el presidente baboso
    Barrientos himself, & from him to his bosses &
    from them to theirs & passing thru each way the Man
    with the Plan, el gusano famoso, Felix Rodriguez (a.k.a. Ramos).
    From on high the order came all the way down the ladder, right to
    Sargento Mario Teran, who upon receiving the command got drunk
    on warm beer, entered the little schoolroom in La Higuera where
    you were held, sitting, your wrists tied, your feet bound,
    shod in sandals made of rags, your ears ringing from the shots
    that had just wasted Willy & Chino. You watched him try to steady
    his carbine without success, until you finally stood & addressed him,
    Shoot if you have balls! Shoot!
    There you are, in the celebrated grainy photo, flat & thin,
    like the proverbial patient etherized on a table,
    your head propped up on a stool, your empty eyes half-open,
    as if you are in repose, or in contemplation, or getting
    ready to read one of the books that you lugged around
    in your little army’s library through enervating rain,
    thirsty mosquitoes & indifferent jungle. But now,
    all sorts of people are pointing at you, at the holes
    in your body, the body of Che Guevara,
    which would be exhibited later in a hospital laundry, proof
    of the victory of the State, the Armed Forces & Law & Order
    over Communism & Anarchy epitomized by you, itinerant Argentine,
    symbol of continental revolt, protagonist of 2nd & 3rd Vietnams
    on America’s spine, not so heroic-looking there at five-feet seven,
    skinny & shot up, like Swiss cheese.
    Instead, the peasant women came & mistook you
    for Jesús Cristo, not only because of the gentle wave of
    bedraggled chestnut hair that swept your shoulders, the wanton
    beard on your face, the slender frame & pale skin, the aching ribs,
    pounded by asthmatic explosions, but for your insurrectional good works,
    legendary rectitude & deferential conduct to la gente indígena,
    & because you, too, knew the Judasses who betrayed you
    with the saccharine smiles of presumed comrades-in-arms &
    the abrazos of supposed fraternal partidarios.
    O, how the world has changed since those days,
    Che! Que cambios! What would you do, see, recognize, remember?
    Would you disbelieve, rub your eyes, snicker, guffaw, or simply
    puff on your stub of a cigar & express no surprise
    at all? Who remembers your alerta?
    The temptation is great to follow
    the beaten track of material incentive.
    There is the danger that the forest
    will not be seen for the trees.
    The pipe-dream that socialism
    can be achieved with the help of
    dull instruments left to us by
    capitalism can lead to a blind alley
    & you wind up there after having
    traveled a long distance with many
    crossroads & it is hard to find out
    just where you took the wrong turn.
    Crooked roads have been followed &
    when it was decided to refrain from
    these roads, other roads were followed
    which did not prove to be less crooked
    & thus experiments reach a wall
    impossible to climb.
    Now, like Lazarus, you rise. Your bones, recognizable by
    the missing hands
    (removed to identify your trophy corpse)
    & the astonishing brow of your skull
    (the physical embodiment of concentrated thought)
    can ascend from the sediment below the airstrip &
    come home, your omniscient, impatient bones,
    returned to a world which would not faze you at all
    – with its debris of decrepit
    monuments to nightmare Shangri-Las
    (workers’ paradises, evaporated by popular demand),
    the spectacle of traditional marketplaces glutted by
    overproduction & those of their stillborn would-be disciples
    heaped with mountains of malnourished infants,
    the breathtaking paroxysms of la bolsa de valores
    erupting from the fragile fault lines of big capital’s tectonic plates,
    the revival of obsolete maladies, plagues & infections,
    the Caligula smiles of the latest generation of snake-oil merchants,
    vendors of national patrimony & multilingual salesmen
    of old shit in new buckets, the pornographic feats of incredible
    weapons systems & their collateral damage,
    the wondrous, innovative acts of anti-social behavior-
    none of this would shock you, or make your wiser-than-
    39-year old bones shudder, or rattle your sleek skeleton
    sending you hurriedly back to the subterranean clay of Vallegrande
    wrapped in your Che Guevara tee-shirts, shorts, towels, earrings,
    ash trays, wall calendars, etc., draped in the creamy accolades
    of all those who despise you –
    the eight previous occupants & the current tenant of
    la casa blanca & his loyal oppositionists,
    renascent supposed Bolsheviks in Moscow with their
    unslaked thirst for hard currency,
    aimless post-Cold War European intellectuals musing
    over old, long-lost romances & bitter at failed loves,
    aging baby-boomer academics searching for
    meaning amidst chaos,
    biographers, hagiographers, cinematographers &
    other sundry shysters out for the big buck on the
    upcoming happy birthday of your death,
    grizzled & neophyte hack gringo
    journalists with exhausted rumors at discount rates,
    aspiring tourist industry moguls in your old stomping grounds,
    whose fleeting flirtation with the legal tender of the enemy has
    become the latest object of emulation & desire,
    & last but not least, anyone,
    anywhere with an ax to grind against your once &
    still comandante-en-jefe
    still garbed in verde olivo
    still bearded
    still standing &
    still itching for
    the good fight, preparing
    your prodigal’s
    homecoming, hardly as final
    resting place, but as reveille &
    reinforcement.
    It is thus no surprise that many sweat to transform you into
    something more palatable, a product easier to move, with short
    shelf life. A crooner of love songs, philosopher king, chess maven,
    aficionado of fine-leaf tobacco, antiquated adventurer,
    heroic model for evocative photo-montages, fanatic conspirator,
    last of the red-hot revolutionaries, armed existentialist,
    relic of lost utopia, mirror image of themselves in their youth, &
    their most recently failed project, above all, a blast from the past.
    Everything but what you were, are, will always be.
    Si, siempre: el Che, communist.
    This world would not cause your jaw to drop an inch,
    you would welcome it, dive into it, roll up the sleeves
    on your firm, unyielding bones & say,
    Let’s get to work, comrades! There’s no time to waste!
    This is the fear of those who maintain the reins on
    your calcified restos, of those to whom they answer,
    salute, grovel, who pull their strings & push their buttons,
    now fretting again, having thought the whole matter
    had been, like your ragged, mortal ass, disposed of,
    despite the quaint graffiti carved into the walls of the
    now famous laundry
    Che you are our light
    The road of your struggle is our life
    Thanks Che
    They worry that these rambunctious bones
    resist mummification, becoming a skeletal mannequin
    for the latest ideological fashion, bleached, buffed & polished
    for public view in el gran show, professorial confab concealing
    demolition derby, global flea market of Chemanía.
    No, not these bones, not Che’s stainless steel bones,
    that all these years later could never be vanished
    by those who ordered your death in the first place &
    who wish now they had dumped your flaco, red Cuban carcass
    into a vat of lye & acid, a cask of radioactive waste,
    a pit of mercury, a toilet full of Drano & flushed!
    Leaving not a trace of the likes of
    Ernesto Che Guevara,
    not a follicle of hair,
    a thread of uniform,
    a splinter of bone,
    a cell of DNA. They grate their molars,
    curse how they should have vaporized you more
    thoroughly than at Hiroshima,
    where they left those tell-tale snap-shot
    silhouettes on the mushroomed walls of
    former buildings, but no,
    al contrario!. You & your stoic, demanding, spectral
    bones get the last laugh after all – bones reborn
    in trenches too many to name, resurrected in Nicaraguan
    hills, in Venezuelan jungles, Somali deserts, narrow trails in
    the Vietnamese central highlands, massive positional maneuvers on
    the plains of Cuito Cuanavale – bones in the bodies of your first pupils,
    now generals, who discovered pieces of you in themselves & whose
    own apprentices do likewise & thus linked, become the accumulated,
    conclusive forensic evidence that they could not kill you,
    your bones were never disappeared at all.
    Now, they are ready to meet the air, anonymous no longer,
    to resume where you left off, Che, unbowed before the last emperors
    in their latest duds. IT’S YOU! &
    your triumphant, unrepentant bones
    that then
    as now
    always stuck
    in their throats.
    (On October 17, 1997, after ceremonies marking their death in combat,
    the remains of Che Guevara and six comrades – from Bolivia, Simeon Cuba
    and Aniceto Reinaga; from Peru, Juan Pablo Chang-Navarro; from Cuba,
    Alberto Fernandez Montes de Oca, Rene Martinez Tamayo, and Orlando
    Pantoja – were buried in Sanata Clara, Cuba. Initial reports indicated
    the discovery of five of Guevara’s co-fighters.)
    – Jon Hillson
    JON HILLSON is a member of the International Association of Machinists at Los Angeles International Airport, a political activist, journalist and widely published poet.
    Return to Left Curve no. 23 Table of Contents
    ~~~~~~~~~~~~~~~~~~
    Su cuerpo fue exhibido a los periodistas y antes de enterrarlo en un lugar que no fue descubierto hasta 1997, le cortaron las manos para que su cuerpo no pudiera ser identificado mediante las huellas dactilares.
    ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
    El 28 de junio de 1997 un grupo de expertos cubanos y argentinos descubrieron una fosa común en Valle Grande, Bolivia, con los restos del Che y de 6 guerrilleros, cerca de donde fuera ultimado.
    Los restos del Che descansan en el Complejo Escultórico Memorial Comandante Ernesto Che Guevara de la ciudad de Santa Clara, Cuba, desde el 17 de octubre de 1997.
    ~~~~~~~~~~~~~
    JANUARY 6, 06:
    Director: Emilio J. Corbière
    “La muerte no es verdad cuando se ha
    cumplido bien la obra de la vida” – José Martí
    Buenos Aires, 6 / 1 / 2006
    El mundo en sus manos
    La política en la semana
    Economía
    Informe de situación
    Mercosur
    Informes especiales
    Multimedia
    Justicia
    Cultura
    Libros
    Iglesias y Cultos
    Derechos humanos
    Libertad de prensa y Medios
    Universitarias
    Perfiles
    Editoriales
    Opinión
    Medio Ambiente
    Ciencia y Técnica
    Recordatorios
    Cine
    Galería de humor
    Archivo
    Perfiles
    SOCIALISMO Y MORAL REVOLUCIONARIA
    ERNESTO ‘CHE’ GUEVARA
    En el 35º aniversario de la muerte de Ernesto ‘Che’ Guevara, el periodista Emilio J. Corbière se refiere a su significación ético-política. Más allá del mito, como personalidad de nuestra época.
    Por Emilio Corbière
    Ernesto Guevara no es sólo el quijote revolucionario, el teórico de la construcción socialista, es algo mucho más importante: es el ejemplo moral.
    Este recuerdo podrá parecer poco materialista,
    se podrá decir que se trata de una apreciación subjetiva. Pero me apresuro a responder que no es así, porque la moral revolucionaria integra, en un lugar principal, la cosmovisión que del hombre y la sociedad tiene el marxismo.
    Guevara fue eso: un ejemplo militante de moral firme. Internacionalista, vibró ante el ataque criminal de los norteamericanos contra la Guatemala de Jacobo Arbenz. Eso, y otras razones políticas e ideológicas, le determinaron a unirse al grupo de patriotas cubanos, encabezados por Fidel Castro, para liberar a Cuba de la dictadura de Fulgencio Batista.
    ¿Qué hizo a Guevara abandonarlo todo: familia, fortuna personal, carrera profesional, para unirse a ese puñado de luchadores? ¿Qué fuerza lo movió a afincarse en la isla del Caribe, lejos de su patria de nacimiento? ¿ Porqué el Che, después del triunfo de la Revolución, y cuando ésta se consolidaba, ocupando altos cargos y responsabilidades ministeriales, abandonó esa seguridad y partió hacia Bolivia para enfrentar a los militares gorilas y los ‘rangers’ entrenados en los Estados Unidos?.
    Esa fuerza no tenía nada de misterioso, ni había caído del cielo. Nació de su conciencia -individual y social- y se llama moral revolucionaria.
    Fueron las mismas convicciones por las que el escritor norteamericano John Reed peleó en la Revolución de Octubre junto a los obreros y campesinos rusos. Fue el mismo idealismo que movilizó al médico Norman Bethune, quien en representación de la izquierda de Estados Unidos y Canadá, se unió a los revolucionarios comunistas chinos y se distinguió por su valor y sus conocimientos científicos en el 8° Ejército, donde murió a raíz de una infección, mientras curaba heridos.
    Era el mismo espíritu moral de los brigadistas internacionales, muchos de ellos argentinos, que convergieron en 1936, a la España Republicana para luchar contra el fascismo. Y como estas hay muchos otros ejemplos.
    Desde luego que el Che no rechazaba a quienes, desde la caída de Batista, se dieron a la ciclópea tarea de construir la nueva Cuba. El mismo fue ministro y funcionario. Pero en un momento de inflexión de su vida, creyó que debía continuar la lucha junto a otros pueblos latinoamericanos en su largo y empinado camino hacia la liberación. Y así partió a Bolivia.
    Como Francisco de Miranda
    Puede compararse a Guevara con Francisco de Miranda. Guevara era del mismo metal humano que el de Miranda. El venezolano, precursor de la Independencia, había combatido, como voluntario en las Revoluciones Norteamericanas de 1776, en la Revolución Francesa de 1789, y retornó a su América Latina, cuando llegó la hora de combatir por la emancipación de las colonias hispanoamericanas. Los españoles lo apresaron, lo encerraron en un calabozo bajo tierra, y al morir en cautiverio, cremaron sus restos, al parecer, para no dejar rastro de su vida. En el museo histórico de Caracas, junto al lugar donde reposan los restos del Libertador Bolívar y otros patriotas venezolanos, puede verse, aún, un féretro abierto, que como símbolo espera los restos de Miranda.
    Los imperialistas de ayer y de hoy, se ensañan con los cuerpos de los revolucionarios, recurren al crimen, la tortura, la eliminación, y también al ocultamiento de los despojos de los caídos en combate.
    Esa es la moral hipócrita de las clases dominantes. No saben que el ejemplo de revolucionarios como es el caso de Ernesto Guevara, su vida, sus ideas, su práctica social, trasciende a su propia persona para transformarse en un arma mucho más potente que las armas convencionales: la voluntad colectiva despliega en todos los sentidos la conciencia de la revolución y de la transformación.
    En una entrevista realizada por el periodista Jean Daniel, en Argel, en Julio de 1963, para la revista L’Express, el Che decía: ‘El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero luchamos al mismo tiempo contra la alienación. Uno de los objetivos fundamentales del marxismo es eliminar el interés, el factor ‘interés individual’ y el lucro de las motivaciones psicológicas. Marx se preocupa tanto de los factores económicos como de su repercusión en el espíritu. Llamaba a esto ‘hecho de conciencia’. Si el comunismo se desinteresa de los hechos de conciencia, podrá ser un método de distribución, pero no será jamás una moral revolucionaria.’
    Etica y libertad
    Guevara era un idealista, pero el suyo era un idealismo ético, que no debe confundirse con el llamado idealismo filosófico. Por el contrario, el moralismo de las clases dominantes, en realidad, su inmoralidad, siempre protege la ausencia de libertad, la desigualdad, la explotación, ni bien se determinan ásperos antagonismos de clase.
    El contenido del nuevo ideal moral deriva de una profunda necesidad social, de una cálida aspiración, de una enérgica voluntad de algo distinto, de algo opuesto a lo que existe. En pocas palabras. El ideal moral es el conjunto de deseos y aspiraciones que provoca el antagonismo con el estado de cosas existente.
    El ideal moral así entendido es un medio de reunir e incitar a las fuerzas transformadoras en la lucha contra el ordenamiento existente y se constituye en una palanca poderosa para superar ese estado de cosas.
    La moral revolucionaria, entonces, no es sólo negación, contradicción, sino medio para reunir e impulsar a las fuerzas de las clases oprimidas. Surge de las
    condiciones económico-sociales, del desarrollo tecnológico de cada sociedad nacional, y del desarrollo cultural y al igual que el instinto social, el ideal moral no es un fin, sino una fuerza, o bien un arma en la lucha social por la existencia; el ideal moral es un arma particular en la particular situación de la lucha de clases, en la lucha por la liberación nacional.
    Los héroes de que hablaban los historiadores burgueses, como Guizot, Michelet, Carlyle, eran ‘iniciadores’, ‘grandes’, que parecían generarse respecto de su época. El hombre nuevo del que habla el socialismo, no es aquel quimérico héroe de los clásicos o de la historiografía liberal-reaccionaria del Siglo XIX.
    El viejo Jorge Plejanov decía que las particularidades individuales de las personalidades eminentes determinan el aspecto individual de los acontecimientos históricos, y el elemento casual, desempeña siempre cierto papel en el curso de estos acontecimientos, cuya orientación está determinada, en última instancia, por las llamadas causas generales, es decir, por el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones mutuas entre los hombres en el proceso económico-social de la producción, que aquel determina. Pero hay en realidad una interdeterminación, una interrelación entre persona y medio, que no es mecánica sino que se transforma dialécticamente en creación. Lo dijo Mariátegui, el socialismo es ‘creación heroica’.
    Guevara reflexionó en forma creadora sobre este tema de la moral revolucionaria, sobre el rol del individuo y de las masas en una sociedad en la sociedad.
    Sostenía que hay una estrecha unidad dialéctica entre el individuo y la masa, y que esta como conjunto de individuos, se interrelaciona con los dirigentes.
    En cuanto a individuo, Guevara señalaba que como producto no acabado, los aspectos negativos del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual, y que para erradicar esa falsa conciencia, debía realizarse un trabajo continuo.
    Persona y autoeducación
    Un proceso doble, donde actúa, por un lado la sociedad con la educación directa e indirecta, y en donde el individuo se somete también a un proceso de formación o autoeducación.
    En los momentos revolucionarios es fácil potenciar los estímulos morales, pero para mantener esa nueva conciencia que se forja con el desarrollo de la nueva sociedad es necesario desarrollar una conciencia en la que los valores adquieran categorías nuevas, y para ello, decía el Che, ‘la sociedad en su conjunto debe convertirse en una gigantesca escuela’.
    En el período de construcción del socialismo, señalaba Guevara, ‘podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada; no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas’.
    El camino es largo y lleno de dificultades. A veces, por extraviar la ruta hay que retroceder; otras, por caminar demasiado aprisa, dirigentes y masas se separan. Para lograr los cauces que permitan un crecimiento armónico y creativo, es necesario crear los mecanismos, las instituciones revolucionarias que permitan la ‘identificación -decía el Che- entre el gobierno y la comunidad en su conjunto, ajustada a las condiciones peculiares de la construcción del socialismo y huyendo al máximo de los lugares comunes de la democracia burguesa’.
    Advertía Guevara que es preciso acentuar la participación consciente, individual y colectiva, en todos los mecanismos de dirección y producción y ligarlos a la idea de la necesidad de la educación técnica e ideológica, de manera que sienta cómo éstos procesos son estrechamente interdependientes y sus avances son paralelos. ‘Así logrará -decía el Che- la total conciencia de su ser social, lo que equivale a su realización plena como criatura humana, rotas las cadenas de la enajenación’.
    Agregaba que ‘esto se traducirá concretamente en la reapropiación de su naturaleza a través del trabajo liberado y la expresión de su propia condición humana través de la cultura y el arte’.
    Sin dogmas ni teoremas
    Guevara no creía que el socialismo, su construcción, fuera un dogma o un teorema. Tampoco una forma de capitalismo de Estado. Por eso reflexionaba diciendo que ‘el socialismo es joven y tiene errores. Los revolucionarios carecemos, muchas veces, de los conocimientos y la audacia intelectual necesaria para encarar la tarea del desarrollo de un hombre nuevo por métodos distintos a los convencionales y sufren de la influencia de la sociedad que los creó. La desorientación es grande y los problemas de la construcción material nos absorben.’
    Es por eso que pensaba que la lucha contra el dogmatismo y la superficialidad, era una tarea de todo momento en la construcción del socialismo.
    En su carta a ‘Marcha’ de Montevideo, publicada por el semanario el 12 de marzo de 1965, titulada ‘El socialismo y el hombre en Cuba’, Guevara concluye de la siguiente manera:
    ‘Nosotros, socialistas, somos más libres porque somos más plenos; somos más plenos por ser más libres’ y agrega después: ‘el camino es largo y desconocido en parte; conocemos nuestras limitaciones. Haremos el hombre del siglo XXI: nosotros mismos. Nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un hombre nuevo con una nueva técnica. La personalidad juega el papel de movilización y dirección en cuanto encarna las más altas virtudes y aspiraciones del pueblo y no se separa de la ruta’.
    Las nuevas generaciones
    Esta era la moral revolucionaria de la que hablaba el Che, es su gran legado a las nuevas generaciones latinoamericanas. El Che era férreo mojón del hombre nuevo, y así los testimonió con su propia vida, con su propio desinterés, con su abnegación. Como en los casos de John Reed o Norman Bethune, y en el de tantos otros.
    Hay muchos temas para recordar en la vida polifacética de ese hombre que murió a los 39 años, cuando todavía se podía esperar lo mejor de su preclara inteligencia. Pero lo que se debe aprender de él, antes que nada, es su mensaje de libertad para los oprimidos, para todos los hombres y mujeres de esta América latina sufriente y para todos los pueblos y naciones oprimidas.
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